Reflexión urgente desde las calles y las redes: 15O

No ha pasado ni una semana desde que el gobierno liderado por el acusado de violación José Jeri asumió la presidencia, y ya se ha cobrado una vida.

Eduardo Mauricio Ruiz Sáenz, conocido como T.R.V.K.O, activista y rapero del distrito de San Martín de Porres, fue asesinado por un policía en actividad.
T.R.V.K.O, como cientos de peruanxs, solo ejercía su derecho a la protesta, el mismo derecho que sustenta toda democracia: exigir cambios, reclamar justicia y hacerse escuchar.

Su asesinato no es un hecho aislado. Es el reflejo de una violencia estatal que se intensifica, que se permite a sí misma reprimir con balas y gases, amparada por la inmunidad política de un Congreso capturado, que blinda a un abusador. Todo esto teniendo a la PNP como ejecutora directa. La PNP corrupta, violadora, represora y asesina. 

La violencia del Estado no solo se expresa en los cuerpos heridos o mutilados, sino también en las calles bloqueadas, en los gases que nos asfixian, en la ansiedad y el miedo con que buscan debilitarnos más allá del cuerpo. Nos quieren frágiles, silenciosxs, sometidxs a sus formas de desprecio y tortura, pero no vamos a dejar de luchar.

Porque defender el derecho a la protesta es también defender la vida, la dignidad y la democracia —o lo que queda de ella— en un país capturado por poderes autoritarios y conservadores, donde las salidas democráticas se han vuelto una ilusión.

El Congreso funciona como el despacho remoto de Keiko Fujimori y compañía.
El Tribunal Constitucional dejó hace tiempo de ser autónomo: hoy opera al servicio de intereses naranjas y propios.
Y aunque Keiko Fujimori no haya sido ni será presidenta, gobierna desde la sombra, y con ello tortura y asesina por medio de otros, como alguna vez lo hizo su padre.

Jeri es responsable del asesinato de T.R.V.K.O. Keiko también.
Boluarte es responsable de más de 60 asesinatos en protestas entre 2002 y 2023,y de decenas de transportistas. Keiko también.
Merino lo es de la muerte de Inti y Bryan. Keiko también.

*Foto @gab.s20

Un violador como presidente

Desde los feminismos y las agrupaciones de mujeres, que Jeri sea presidente tiene un simbolismo profundamente hiriente. Su figura representa un retroceso histórico en los ya frágiles avances de los derechos democráticos y en las luchas por una vida libre de violencia.

Estamos ante la cultura de la violación en su máxima expresión, donde la impunidad es la herramienta principal del machismo y la misoginia para encubrir al agresor e invalidar a la persona sobreviviente.

Conviene recordarlo: la violación sexual no es un acto sexual, sino un acto de sometimiento y de poder.
Y así estamos hoy: sometidxs por los poderes naranjas, por un sistema que legitima la violencia cuando proviene de quienes detentan autoridad.

Nos preguntamos entonces, ¿Cómo atraviesa todo esto la mujer que denunció a Jeri?, ¿Cómo enfrenta el hecho de ver —en televisión nacional y en todas las plataformas digitales— que su presunto agresor hoy gobierna el país?

La impunidad se ha vuelto norma, y en un contexto así, la empatía se convierte en un acto subversivo.

Contra la desinformación y las narrativas parciales: cuidar también es verificar

Los titulares en prensa y noticiero radial o televisivos, sigue con la narrativa de colocar a la policía como víctima lxs proetstaste como “proto terrucos”., respondiendo así, a intereses económicos y políticos, antes que al derecho ciudadano a una información veraz.
Desde hace décadas —con ecos del aparato mediático de los años noventa—, la prensa hegemónica busca siempre un verdugo y una víctima, moldeando los hechos según la conveniencia del poder

Hoy, aunque no exista un Vladimiro Montesinos visible, sí operan nuevas formas de control y alineamiento mediático: figuras periodísticas que defienden los intereses de sus jefes, anunciantes o aliados políticos, pero rara vez el bien común.
Incluso cuando disfrazan sus discursos con frases como “defensa de la democracia” o “tranquilidad ciudadana”, su objetivo es preservar el statu quo y deslegitimar la protesta social.

En tiempos donde la posverdad y la desinformación moldean la opinión pública, verificar se convierte en un acto político y ético.
No basta con indignarse: también debemos cuestionar, contrastar y exigir transparencia.

Desde nuestra trinchera ciudadana y feminista, proponemos algunas prácticas esenciales para esta resistencia informativa:

  • Detente unos segundos antes de compartir cualquier contenido.
    Pregúntate: ¿de dónde proviene esa cadena?, ¿quién publica ese titular?, ¿ese video ha sido generado con inteligencia artificial o muestra un hecho real?

  • Contrasta las fuentes. Busca versiones diversas y medios independientes antes de formarte una opinión definitiva.

  • Valora el testimonio directo. En contextos de represión, la voz de quienes marchan y resisten también es fuente legítima.

Verificar la información es cuidarnos entre todxs. Es cuidar el movimiento, la memoria y la verdad.
Porque en medio del ruido y la distorsión mediática, la verificación también es una forma de resistencia. No bajemos los brazos, lloremos sí, y lloremos mucho, con dolor pero mucha más rabia, así resistiremos, y no dejaremos de luchar. Fiorella F.L.


Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Por qué es indignante la Ley de Amnistía

Volver a rugir: una catarsis después de 12 programas